We Tripantu y Noche de San Juan, nuestro sincretismo cultural

We TripantuEl próximo 24 de junio, entre la controversia del pasado indígena y colonial, dos hechos convocan a diferentes grupos. En distintas ciudades de Chile, y sus rincones que viven y gozan diversas culturas, identidades y memorias, se revivirá una serie de procesos y pausas de la valoración de nuestro patrimonio desde distinto enfoques. Unos se reunirán en torno a la noche de San Juan y otros el We Tripantu (nuevo ciclo de la naturaleza desde la cosmovisión mapuche), conocido como el Año Nuevo de los pueblos originarios. Se trata de una fecha muy significativa para subculturas distintas, pero que conviven al interior de un mismo territorio. Alrededor de estas festividades han surgido ceremonias, tradiciones e incluso supersticiones que se repiten año tras año la noche previa a su llegada, generando una revalorización de tradiciones ancestrales.

En ambas festividades hay espacios comunes desde cada creencia. La renovación de los ciclos naturales adaptada a la vida individual y colectiva, el movimiento futuro de nuestra vida, la abundancia, la protección, purificación  y la fertilidad.  El sol, la luna y el tiempo son tres conceptos que se reúnen esa noche. En éste y en otros aspectos de nuestro ser fuimos intervenidos todos por igual.

Así comienza nuestro desconcierto, nuestro sincretismo, la mixtura de nuestra tierra. La interrogante es cómo reconocemos las expresiones patrimoniales de los  integrantes de nuestro país: los que estaban desde el principio, quienes llegaron y los que están llegando en el último tiempo producto de la inmigración. Todos convivimos en estas ciudades tradicionales o modernas, urbanas o rurales. El Estado, la familia y la escuela se encuentran cada día más desafiados para educar hacia una democracia que fortalezca en los derechos culturales de todos.

La Educación Patrimonial se entiende como una estrategia para promover la construcción y desarrollo de la identidad cultural local, el respeto de las culturas originarias, la que hemos ido conformando y la que tendremos en 20 años producto de los cambios que está trayendo la inmigración. La Educación Patrimonial debe acercarse a un reconocimiento y un sentido de pertenencia, transmitiendo ciertas convenciones y representaciones simbólicas de lo colectivo y su re-significación en la memoria de cada ciudadano. Construyendo un proyecto de país de inclusión cultural.

Por, sobre todo, debe involucrar el respeto por lo propio y lo ajeno, lo cercano y lo lejano, la aceptación de la diversidad y del cambio. La Noche de San Juan o el We Tripantu son, sin duda,  una oportunidad de vivir esta experiencia y encontrarse con otros, con nuestra memoria e historia de país multicultural.

La Opiñón

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