Patrimonio histórico y natural en llamas, el triste saldo de los incendios

Chile se quema. Una imagen repetida hasta lo interminable en las últimas semanas a través de la televisión y las redes sociales. Y junto con la emergencia -vigente más que nunca – la búsqueda de responsables y la cruda tragedia humana que viven miles de familias que lo han perdido todo, aún queda por dimensionar una pérdida aún invisibilizada por una realidad aún inmanejable. Se trata de nuestro patrimonio histórico y cultural, presente en las zonas afectadas por los incendios, que se ha ido para siempre entre las llamas.

Los incendios han dañado no sólo bosques y poblados, sino nuestra memoria social y colectiva que constituyen el concepto de patrimonio. La herencia viva que nos confiere el sentido de continuidad. Aquella memoria ligada a la pertenencia a grupos sociales, contextualizada y vinculada al presente, al pasado y a la naturaleza donde se habita. Los recuerdos, experiencias y formas de vida compartidas fueron también arrasadas por los incendios del último mes en Chile.

No olvidemos que el patrimonio cultural está integrado por todo lo creado por un grupo social o pueblo a lo largo del tiempo, identificándolo y distinguiéndolo en relación con los demás. El patrimonio es un proceso creativo, vivo y de múltiples dimensiones, a través del cual una sociedad funde, protege, enriquece y proyecta su cultura, construcción que hoy está en peligro. Las llamas han deformado o hecho desaparecer el patrimonio y la memoria de las comunidades afectadas.

Las consecuencias que ha dejado esta catástrofe en Chile evidencia un problema de fondo: la errada conservación y cuidado de los espacios que van construyendo la memoria de nuestro País. Una noción errónea de que el concepto de patrimonio está asociado solamente a su dimensión arquitectónica y a los espacios urbanos, invisibilizando las dimensiones natural y cultural.

En definitiva, no sólo se ha quemado naturaleza y hogares, que en sí mismas constituyen una pérdida difícil de reparar, sino que, desde una mirada de interacciones e integradora, se ha destruido gran parte de la memoria e historia de las comunidades y personas. Muchas de ellas han visto desaparecer lugares especialmente significativos, que tienen un arraigo sagrado y colectivo, tal vez de manera irrecuperable.

Ante tan inmensa tragedia, la gran duda es que en qué momento las autoridades, académicos, profesionales, habitantes de Chile, entenderemos la magnitud de esta pérdida. Porque si bien parte de nuestra historia se perdió con el fuego, pronto será tiempo de reflexionar si es posible recuperarla y, sobre todo, cómo cuidar y preservar nuestro patrimonio aún intacto.

El Mostrador, El Ciudadano

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