Museo del Louvre y reapertura cultural post pandemia

Con el lema “París no puede vivir sin cultura”, el pasado 6 de julio el Museo del Louvrereabrió sus puertas al público. Sin duda que el Museo Nacional de Francia es un ícono de la llamada “Ciudad de la Luz”, la cual marca toda la estética de los siglos XIX y XX en cuanto a desarrollo urbanístico y arquitectónico. Es por ello que su reapertura se transforma en un signo de la era post pandemia, de la vuelta a una vida más comunitaria.

Simbólicamente, también es muy interesante porque se abrió un 6 de julio, a días del 14 de julio de 1789, caída de la Bastilla que encarnó oficialmente el fin del Antiguo Régimen y el inicio irrevocable de la Revolución Francesa, hitos funcionales no solo de la cultura del país galo, sino que de todo occidente, cuyas ideas impregnarían las futuras democracias latinoamericanas. Al igual que hace 231 años, hoy la humanidad se encuentra en un momento de lucha por recuperar los espacios culturales, una vez que finalice esta crisis sanitaria mundial.

Y en esta vuelta al Louvre diría que la obra imperdible no es La Gioconda, sino que una pintura del periodo del romanticismo del artista francés Théodore Géricault: La Balsa de la Medusa, que retrata el naufragio real de la fragata La Medusa donde quedaron a la deriva más de 140 personas en una pequeña balsa. Ahí vivieron procesos de canibalismo, sobrevivencia y esperanza, sobreviviendo solo 15 de ellos.

Creo que La Balsa de la Medusa es hoy especialmente contingente, retratando la realidad sociopolítica que están viviendo muchos países. Y esto sucede porque es una obra que habla del concepto del otro, de la dignidad de la persona, el derecho a la vida, más allá de las diferencias que tengamos. Este significado ha hecho que muchos artistas la hayan resignificado, con temas como la migración África-Europa y que incluso se pueda ver en las calles europeas tatuada con stencil y pinturas en aerosol. Al observar esta pintura nos preguntamos ¿quiénes van en esa balsa hoy?

La reapertura del Louvre también nos recuerda que la visita a un museo debe ser una experiencia cultural integrada, más allá de estar preocupados de tomarnos una fotografía con las obras más famosas, algo muy habitual en el “turismo de la selfie”.

En Chile, el desconfinamiento aún se ve lejano. Pero llegará también el tiempo de volver nuevamente a los espacios culturales, ya sean museos u otros lugares patrimoniales. Entonces será importante hacer este ejercicio de resignificación, a partir del momento vital que estamos viviendo como humanidad, lo que nos hará mirar nuestro propio espacio cultural desde una experiencia humana vital compartida por todos y todas.

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