No al Pacto Migratorio, no a la multiculturalidad

El desarrollo humano significa enfrentar diversos desafíos, en especial aquellos que
fracturan la dignidad humana en sus distintas manifestaciones. En ese contexto, el Pacto
Mundial para la Migración Segura era visto con esperanza, como una forma ordenada y
regular de abordar este ámbito, antecedido por un trabajo de dos años de estudios y
negociaciones.

Sin embargo, el gobierno se marginó de éste y, de paso, marginó a un país completo de
profundizar el compromiso con los derechos humanos.

Los gobiernos que, en estos días, adhirieron a este pacto, realizaron una serie de
declaraciones como: el ejercicio del multilateralismo, la promoción de encuentros
interculturales, el fomento de la integración, el salvar vidas, prevenir el tráfico ilegal y la
trata de seres humanos, proporcionar información precisa, facilitar un proceso de
contratación justo, reducir la vulnerabilidad en el ámbito de la migración, gestionar
correctamente las fronteras e invertir en el desarrollo cultural de los país.

En contraposición, en Chile estamos en el camino de la negación de nuestro origen
inmigrante y fomentando un nacionalismo basado en la exacerbación de las diferencias, a través de las elites políticas, intelectuales, económicas y religiosas. Ello ha generado un
racismo selectivo, pero constante, frente a aquel que no es parte de esta monocultura,
exacerbada por el gobierno y alimentada por el sistema educacional.

Esto, cuando el objetivo último es el desarrollo humano integral de todos: migrantes,
refugiados, su comunidad de origen y su nueva comunidad, en los verbos de acoger,
proteger, promover e integrar.

Lo cierto es que los inmigrantes han realizado innumerables aportes a nuestro país, con
su creatividad, arte y pensamiento, en diversas áreas de la cultura. Hoy, muchos son
parte del legado patrimonial tangible e intangible de la nación, contribuyendo en gran
medida a la construcción de nuestra identidad.

El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, también, está al debe en esta
discusión. El lenguaje inclusivo que promueve sobre temáticas de género, discapacidad y
pueblos indígenas no son suficiente para nuestro país, cada vez más diverso y
multicultural. La inclusión no tiene fronteras, la inclusión cultural es la riqueza y capital
futuro de nuestro desarrollo humano.

El Clarín, Cultura y Tendencias, El Ilustrado, La Estrella de Tocopilla

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