Con un énfasis en el rol centralizador del Poder Ejecutivo del Estado y en una escenografía estética que transfiere orden y armonía, se desarrolló el desfile de las ramas armadas del país.
En 1832, se estimó que la Parada Militar debía convertirse en una ceremonia oficial, estableciéndola por Decreto. El Llano de Portales era el lugar donde se realizaba la revista a las tropas por parte de las autoridades, con la presencia de ciudadanos, actualmente el barrio donde vive el presidente de la República. Tiempo después se inauguró la remodelación de los Campos de Marte, allí se creó un gran espacio público, un parque de múltiples usos para el esparcimiento de la ciudadanía, que alrededor fue acompañado de edificios y calles alusivas a las fuerzas armas.
Tierra, polvo y barro acompañó a la ceremonia en ese lugar hasta 1972, año que se realizó una necesaria pavimentación de toda la elipse que cambiará radicalmente el desfile. Además, por orden presidencial, ese mismo año el Parque Cousiño cambió su nombre a Parque O’Higgins.
La monumentalidad de la elipse se convierte durante algunas horas en el «espacio sagrado» donde la parada es una procesión que rinde culto al poder ejecutivo, importa poco si el líder de la nación es partidario ideológico de este ritual. La presencia del presidente en el desfile militar no es delegable, como jefe de Estado y responsable del Gobierno. En sus atribuciones especiales está el asumir la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas. Es pertinente recordar que estos ritos son semejantes a los realizados en otros países, en sus respectivas fechas nacionales o días que han marcado el devenir de su historia.
El énfasis de lo visual y lo auditivo se hace relevante en esta coreografía. En 2019 desfiló por primera vez la Policía de Investigaciones al compás de la marcha “Zum Städtel Hinaus”, cuyo sonido se unió a tradicionales compases como la marcha Radetzky, escrita por Johann Strauss (padre). Los efectivos de la Marina lo hacen al son de la marcha “Los Nibelungos” de Gottfried Sonntag, un arreglo del Anillo del Nibelungo compuesta por Richard Wagner. La banda de guerra e instrumental de la Fuerza Aérea ejecuta la marcha “Gloria a los Héroes” y Carabineros desfila al son de la “Parada de los Grandes Hombres”. Por ello un diario nacional refiriéndose a la parada escribía “Debemos reconocer que el éxito de la revista superó todas las expectativas…parecía un cuadro sacado de las grandes revistas europeas.”. Composiciones que relatan la mitología, actos heroicos y de conflictos en la cultura occidental.
Todo este sonido se une a una estética de integración muy lenta, pero en progresión en nuestro país; se suma al desfile en 1901 el contingente de soldados conscriptos provenientes del Servicio Militar Obligatorio, creado en el año 1900. El año 2000 desfilan por primera vez cadetes femeninas de la Escuela de Aviación y en el 2007 se unen las cadetes de la Escuela Naval.
En América Latina, este es un rito conmemorativo de la independencia y tiene lugar todos los años en Santiago de Chile, Brasilia, Bogotá y México DF. Ninguno de los cambios políticos que tuvieron lugar en las últimas décadas alteró en estos países este rito y quienes han asumido democráticamente la autoridad ejecutiva, comprenden su rol simbólico en ese escenario.